miércoles, 10 de junio de 2015

El silencio del Barcelona le hace cómplice

Ha pasado ya más de una semana de la famosa pitada al himno. No quiero referirme a ella directamente, pero sí uso el contexto de la politización del fútbol para ahondar en algo que me preocupa.
El pasado sábado el Barcelona jugó la Final de Champions. Obviamente los del Madrid eran más de la Juve que si hubiesen nacido en el centro de Torino, pero observando los datos de audiencia (y de la Final de Copa del Rey) vemos cómo ha bajado notablemente la audiencia respecto a ediciones anteriores. Parece que los insultos constantes de cierto sector de aficionados culés a los españoles (incluída una gran parte de la afición de su club) algunos no la toleran más y directamente pasan de verlo. Me refiero a aficionados del Atleti, del Valencia, del Sevilla… Aficionados a su vez de la Selección Española que ven cómo esos mismos jugadores luego defienden el escudo y la camiseta de su país. ¿Dónde quieres ir? Os preguntaréis. Pues al título, básicamente. El silencio del FC Barcelona como institución le hace cómplice de esos insultos. Durante la época de Laporta se incentivó el hacer al Barcelona como santo y seña de la Catalunya Lliure y, pese al cambio de directiva, si bien no parece que se anime tanto a marcar diferencias, sí hay un silencio que insulta a sus propios aficionados. A los que viven en Catalunya y se sienten españoles, que los hay y muchos; y a los que viven fuera de Catalunya y aman al Barcelona, pero no entienden que su propio club permita que se les insulte.
¿Qué debería hacer pues el Señor Bartomeu? Bueno, el Sr. Bartomeu debería de haber dimitido en primer término, pero eso es harina de otro costal. No dándose esta situación, el Señor Bartomeu debería de haberse disculpado públicamente con los aficionados culés españoles. El Sr. Bartomeu debería dejar claro que al Camp Nou se puede llevar una bandera de España sin que haya peligro de linchamiento. El Sr. Bartomeu debería de confirmar que al Barcelona le interesa el deporte, y no la política. Que no defienden la independencia de nadie, y que no quieren más líos con la política que el único respeto a la opinión y al sentimiento de todos sus aficionados, sin distinción alguna.

Desgraciadamente eso no pasará. La bandera que a mí me representa no es a la que insultan, ni el himno al que pitan. Mis ideas son mías, y las cuento en mi casa. Eso no quiere decir que falte el respeto a las ideas y los sentimientos de los demás. Si realmente quisieran solucionarlo deberían de concienciarse que desde el respeto se inicia el diálogo. Deberían concienciarse de que no son mejores los culés independentistas que los demás. Deberían concienciarse que fuera de Catalunya hay más mundo que también se interesa por lo que les pasa pero que no entiende que constantemente se les ataque.

Suso Rama