lunes, 27 de febrero de 2017

Culebrón a la bolognesa

Telecinco lidera la noche dominical con un culebrón italo-argentino tras la entrada en la Casa de la novia de Marco. De parejas, tele y satélites de relaciones va la cosa.

Llevaba tiempo sin ver el GH Vip, lo reconozco. Y es que esta edición, pese al buen cartel que prometía… se ha ido diluyendo según pasaban los días. Demasiado buenrollismo, por un lado; demasiado forzadas las broncas, por otro. La entrada de Aída parece que animó el cotarro, más la segunda que la primera, y anoche el DBT de Sandra Barneda recuperó sensaciones en cuanto a la audiencia, que al final es lo que a ellos les interesa.

Y lo hizo, liderar la noche, con un producto igual pero distinto. Por un momento, cuando estaban Marco Ferri y su novia Aylén en el Confe, pensé que estaba viendo Nova y no Telecinco. Sólo faltó el “Televisa pressssenta…”. Lo demás, calcado. No digo que sea un montaje, que puede serlo (a ver si somos tontos ahora), pero yo empaticé con el pobre Marco. Ves a tu novia, por la que bebes los vientos a cada minuto desde que entraste, y la única reacción que ella tiene es… Frialdad. Ni mirarte a la cara, ni un beso, un abrazo o un “te quiero”. Menuda novia… Para mí no la quiero. Ya puedes ser un perro judío, y haber hecho las tropelías que sean, que en este caso ni las ha hecho la criatura, pero si quieres a una persona… Así no reaccionas. O no de primeras, por mucho que luego le “tires una piña a la cara”, como bien lo describió el italianini.

Me gusta el culebrón, y odio a las personas que cuando ven un problema entre dos sienten la necesidad imperiosa de meterse en medio y decir lo que cada uno tiene que hacer. En este caso Aída, que manda pelotas; y Daniela Blume que se autoproclamó “terapeuta de pareja” con la única función de chupar cámara. Daniela era buena cuando era buena. Cuando estaba con Josep Lobató, Patri y Uri calentando las noches de Europa FM. Cuando marchó a Los40 perdió la humildad, y la sesera. Lo que decía, que me lío, éstas dos se pusieron a decirle tanto una como otro qué debían hacer. Nadie habló seriamente con Marco intentando comprenderle, como sí que hacíamos algunos desde casa. Pero claro, desde mi sofá. No es decirle “déjala” o “sigue con ella”, es decirle “te entiendo, no has hecho nada y su reacción es de niñata”. Yo lo tengo claro, a mí me hacen eso en televisión y, si no está preparado, primero me hunden y luego la dejo. ¿Qué mierda de relación tenemos entonces?

Seré yo, que soy un anticuado, un tradicionalista o un machista. Estoy acostumbrado a que me llamen las tres sin yo ser nada de eso (que decía la señora de Callejeros con la bolsa en la cabeza). No se trata de machismo o feminismo, de defender a uno u otra según el sexo que tengan. Si Marco lo hubiese hecho mal, hubiese rebasado los límites que yo pongo a una relación (siempre esto es subjetivo) o hubiese tenido palabras mofantes o despectivas para con su señora, lo diría. Pero en este caso actúa mal ella, y algunas (bien porque sea el target mayoritario del programa y la cadena, o porque empatizan más) se ufanan en defenderla defendiendo sus actos. Nenas (y nenes) si actuáis así mal vais, al menos con gente como yo.

Ea, se nota que estar solico tanto tiempo da que pensar, y como no tienes tus propias broncas (y reconciliaciones) te fijas en las del resto. Y opino porque es un programa de televisión y para eso está, que otra cosa es la vida real. En la vida real yo sería Marco, seguramente, y sé que tendría gente a mi lado que me comprendiese y empatizase, sin dorarme la píldora y diciéndome las cosas como son. O cómo las ven, pero sin meterse en ningún lado. A lo tonto me ha quedado aquí un Tratado sobre el Amor del Desenamorado (o Desencantado Amorosamente) con el que muchos no estarán de acuerdo. Muy bien. Pero es lo que pienso, y como el tema fútbol se retroalimenta cada día más de árbitros y polémicas… prefiero hablar de tele y vida. Porque sí, hay vida más allá del fútbol. Y de Gran Hermano, dicho sea de paso.


Sean felices, solos o acompañados. 

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