lunes, 20 de marzo de 2017

Sampaoli pistea, Simeone huele sangre

Se dice en el argot cinegético, el de la caza, que una res pistea cuando suelta un rastro de sangre tras haber sido tocada. Así se presentó el Sevilla de Sampaoli en la ribera del Manzanares, pisteando sangre tras los perdigonazos de Alavés y Leganés, y el tiro profundo en el bazo de Leicester. Las piernas empiezan a pesar, y más si es el primero año que se intenta llegar a niveles supremos.

Y esto que cuento lo sabía Simeone, vaya que si lo sabía… Ni siquiera la desafortunada lesión de Vrsaljko en los primeros compases movió su idea: ganar aplastando. No había más opciones, y se notó. Como también se notó la diferencia física entre un equipo y otro ahora mismo. Si en la ida el Sevilla ganó por piernas, y un poquito de suerte que nunca viene mal, ayer se vio sobrepasado desde el pitido inicial de Gil-Manzano, que sin errores graves ni influyentes desquició en momentos a unos y otros con faltas nimias.

Sin Torres, y con Gameiro y Carrasco, el Atlético llevó la manija durante los noventa y cuatro minutos que se jugaron, viendo como el Sevilla, que sí tuvo el centro del campo ganado durante muchos minutos; no conseguía desenmarañar la férrea defensa rojiblanca, por mucho que lo intentasen. Mueven mejor el balón que el Atleti, pero tienen menos idea sobre lo que hacer con él. El Atleti, que ya vuelve a respirar como equipo, finiquitó el duelo a balón parado, como en los viejos tiempos; y Koke puso la estocada final cuando aún podían haber hecho más sangre. Con 3-0 y diez-y-el-alargue por delante los indios levantaron el pie, a sabiendas que si seguían apretando podían haber conseguido una machada histórica. Pero no era necesario. El golaverage se quedó en casa, y el Sevilla a dos puntos. Algo quimérico si lo hubiésemos pensado hace unas semanas, como lo que pasó en Leicester.

Destaco positivamente la labor de Carrasco. Cuando hay que rajar se raja, y cuando hay que envainársela se envaina. Y hoy toca lo segundo, pese a que no se olvide lo primero. Ayer trabajó y bien: bajó, tapó, contragolpeó y manejó. Sólo le faltó marcar. Y eso que lo intentó, en alguna de ellas demostrando que eso de ser chupón no se le olvida. Pero estuvo bien. No me gustó tanto Griezmann, pese a su obra de arte. Ayer al Principito se le vio apático. Le costaba más correr, tanto hacia delante como hacia atrás, y con tres o cuatro fogonazos en el partido le bastó para ser considerado uno de los mejores. No para mí, quede claro. El mejor, una vez más, fue Filipe Luis. Ataca y defiende, y bien, además; y su esfuerzo es fundamental para el equipo.

Al Atleti sólo le quedan finales. Parece un tópico, pero es una realidad. 10 partidos en Liga, y al menos otros dos en Champions, para conseguir el objetivo principal: entrar directamente en Champions para la próxima temporada. Y para eso hay que ganar y esperar. Al Sevilla le quedan varias salidas de fuste, como Bernabéu y Camp Nou, donde deberá demostrar por qué merece ser tercero. Ayer no lo demostró, parece evidente.


Por cierto, me gustaría acabar alabando al fútbol modesto. No sólo las victorias vitales de Sporting y Rayo, ambos peleando por mantenerse en sus categorías; sino aquellos que están abajo, en 2aB y siguen movilizando gente como si estuviesen en Primera. Me refiero al Cultural Leones v Racing de Santander, y al Cartagena v Real Murcia. Cuatro equipos con aficiones que, ni mucho menos, son de donde están. Por cerca que estén geográficamente, por mucha rivalidad que haya, movilizar a más de 10mil personas no es nada fácil. Vivan ellos también, aunque no jueguen Champions ni salgan en portadas. También es fútbol. Bendito fútbol


Suso

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