lunes, 27 de marzo de 2017

Vida y muerte

Llevo un tiempo complicado. El hecho existencial se hace presente en mí, quizás demasiado pronto. Pero no quiero hablar de mí, prefiero hablar del hecho.

Se fue, ya lo saben, Paloma Gómez Borrero el pasado viernes a los 82 años. 82 años que decía el carnet de identidad, pero Paloma tenía menos. Vivía en los eternos 25, benditos 25. La vitalidad, la bondad y la alegría que desprendía superaban su enorme profesionalidad. Era más que una mujer en el Vaticano. Más que la amiga del Papa, más que la primera corresponsal española de televisión.

Si algún día tengo que irme, pronto o tarde, quiero irme como Paloma. Rápido, sin hacer ruido y con las ganas de vivir intactas como el primer día. Con ilusión por seguir aprendiendo, aunque lo sepas todo. Con ganas de contar lo vivido, que ha sido mucho. Con amigos y conocidos despidiéndome gintonic en mano, riendo recordándome y con amargas lágrimas por la injusticia de la vida. Es la que nos ha tocado vivir, nos guste o no.

Paloma creía en Dios y la gente como ella, haya lo que haya al otro lado del túnel, seguro que está en un lugar providencial. Porque era buena, y daba una mano, un brazo y hasta una pierna si hacía falta por ayudarte. Aunque no te conociese. Yo no la conocía, sólo la admiraba como profesional y la quería como personaje. Por eso Paloma está al lado de su amigo Wojtyla, a la derecha del Padre esperando arriba a los buenos. Y a los suyos, su familia italiana en la que deja un vacío tremendo. Antes no estaba en casa porque disfrutaba en la tele y la radio; ahora no estará en casa porque estará contemplándonos desde arriba. Como tantos que nos dan fuerza para seguir incluso cuando todo parece perdido.

“Memento mori”, “tempus fugit” y “carpe diem”. Dichos que parecen vacuos pero que, a veces, significan más de lo que creemos. Por eso siempre hay que acudir a los clásicos. Por eso, los que nos dedicamos (o lo intentamos) al noble arte del periodismo, el de verdad, acudiremos a Paloma para conocer nuestra historia. La historia de España, de la religión y de la sociedad. Porque Paloma era más que una periodista, incluso más que un referente: Paloma era una buena persona.
Vuela por siempre, Paloma. Gracias por haber existido.


PD: “Querida Paloma: me he tomado la licencia de tutearte. Espero que, desde donde estés, perdones mi falta de respeto. Un abrazo”

PD2: Adjunto los artículos de Luz Sánchez Mellado y Rubén Amón este fin de semana en El País sobre Paloma, dos bellos homenajes a su figura

http://politica.elpais.com/politica/2017/03/25/actualidad/1490422706_279482.html

http://politica.elpais.com/politica/2017/03/24/actualidad/1490394945_564613.html?id_externo_rsoc=FB_CC

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