miércoles, 11 de octubre de 2017

Chichinabo

Tal y como está el país supongo que lo correcto sería hablar de Catalunya. De hecho, el título está inspirado en su independencia: Independencia de chichinabo. Hecha a contramano, de aquella manera, y sin siquiera saber si tiene validez jurídica, no se puede considerar de otra forma.

Pero verán: no. Me niego ya a seguir dándole vueltas al torno, pues, la conclusión a la que llegaré no servirá de nada. De nada más que de encabronamiento personal, y es que pienso en el 155: a ratos me parece bien (siempre que no suponga entrar con los tanques por la Diagonal como ansían algunos), a ratos me parece mal (se haga como se haga les aportará a los indepes el punto victimista que buscan y, además, deberían de abrirse vías que no forzasen el llegar hasta ese punto). Por ende, y para no seguir mosqueándome, sudo. Allá ellos. Estoy ya cansado de esta historia. No son dos semanas lo que llevamos así, son 5 años de “Pasión de Catalanes”, y la siguiente temporada que ahora comienza me da pereza. Es lo que hay

Así pues, me toca buscar tema que vaya acorde al título. Puedo hablar de Masterchef Celebrity, que se ha quedado en Masterchef Chichinabo después de que hayan echado a Silvia Abril por una bechamel (¡por una bechamel!), mientras ahí siguen Bibi, musa-gay pero poco laboriosa entre los fogones; o Patricia, quien para no recurrir a tópicos machistas sólo diré que tiene de avispada lo mismo que de cocinitas. Una pena. Dicen, cuentan, rumorean que van a hacer repesca, y que ahí puede volver Silvia. Ojalá. Si no, seguirá siendo Masterchef Chichinabo.

Pero no, este tema no es suficiente. Busquemos más: fútbol. Uy, mejor no. Con decir que la Selección está en el Mundial vale. ¿Mundial de chichinabo? Who knows. Del Atleti ni palabra que toman apunte en otros foros, no vaya a ser… Jai. Me río de Janeiro. Si no me lee ni Cristo... Los chichinabos.

Más chichinabos, a ver… Pienso… Poco más. Estoy espeso. Veo LQSA con esperanzas de airearme del matrimonio Ferreras&Pástor (que diría Correa), que no se van de la tele ni p’atrás. Pobre criatura su filius, la crisis de España le deja sin padres cada dos por tres. Con lo bien que lo hace Cristina Pardo, que la podían dejar non stop 24/7, me la tienen de reportera a la muchacha buscando meter micro a quien sea posible. Presto especial atención a su técnica alcachofera de abajo-arriba mientras lanza una pregunta que bien podía ser una hostia sin manos. Y le da igual el partido que sea. Grande donde las haya. Ésta sí que no es de chichinabo, por suerte.

Ea, lo dejo estar. Volveré a escribir pronto si no hemos entrado en guerra. Si lo hacemos, hasta más ver. Nunca me ha quedado bien el fusil, viste muy poco. 

Achichinabado me despido


domingo, 1 de octubre de 2017

El día de la vergonya

Llegó el día, el 1 de octubre. Y llegó la votación que tanto se afanó Rajoy en decir que no habría. Las dos Españas que nos helaron el corazón vuelven a enfrentarse, mientras otros miramos con asco-pena todo. A Puigdemont y a Rajoy. A Turull y a Zoido. A Junqueras y a Montoro.

No sé si era su objetivo, pero, tanto Rajoy como Puigdemont, han conseguido dividir la sociedad incluso fuera de Catalunya. El uso desmedido de la fuerza por parte del Gobierno le da al Govern y al independentismo el victimismo que querían. La pantomima del referendo que han montado los catalanes les da un aura democrática que se cae cuando ves a gente votando en la calle, y metiendo tres o cuatro papeletas. Eso son garantías y lo demás tonterías, vaya.

Estoy hastiado. Estoy cansado de que defender la unidad de España sea de fachas. De que portar la bandera del país sea de fascistas. Pero claro, luego ves la movilización en Madrid cantando el “Cara al sol” y te dan ganas de irte del mundo. Esos no me representan, ni mucho menos. Me representan los catalanes que aguantan caceroladas a diario sin decir ni . Los que han perdido amigos o han dejado de bajar al bar para que no se les tache de “españolistas”. Los que, aun queriendo quedarse, no niegan que tenga que votarse algo. ¿El qué? Está por ver. Pero votar se tiene que votar, y lo tenemos que hacer todos. No sólo Catalunya. Ellos tendrán que decidir si quedarse o no, y de qué manera. Pero el resto tendremos derecho a opinar, digo yo, en qué país queremos vivir y con qué organización.

A mí tampoco me gusta Rajoy, a la vista está. Gracias a él estamos como estamos. Con un independentismo creciente durante su mandato basado en el famoso inmovilismo. El estafermo Mariano jamás se ha sentado a hablar con nadie, ni siquiera con su propio partido. Pero sigue ganando elecciones, y ante eso qué le vamos a hacer. Los catalanes quieren librarse de él. ¡Coño, y yo! Pero hagan política. Sienten al PSOE, a Podemos, a Ciudadanos, a ERC, PNV… a todo aquello que no sea Mariano y hablen a ver a dónde llegamos. Sólo con mayorías parlamentarias en el Congreso se pueden cambiar las cosas.

Hoy me tacharán de populista, de españolista, de centralista e incluso de facha. ¿Un madrileño con ascendencia castellanomanchega y extremeña qué pretenden que defienda? La democracia, por supuesto, pero no la de la Generalitat. Aquí hay unas leyes, nos gusten más o menos, que solo podrán cambiarse con voluntad política.

Y, a todo esto, ¿dónde está el Rey? ¿Por qué no hace nada? ¿Por qué no dice nada? El padre de la Princesa de Girona tendrá algo que decir, digo yo. Si realmente Felipe VI quiere reinar tiene que demostrar que está por encima de los políticos. Si realmente él quiere ser el Rey de todos los españoles tendrá que mediar para unirnos. Si no, tendrá los días contados en la Zarzuela. Sería una pena que después de ser “el Preparao” no esté a la altura de lo que se le pide. Sería una pena que, después de haber aceptado que entre con calzador, se inmole con Rajoy en el inmovilismo.

Son días jodidos para todos, y en especial para los catalanes. Para los que quieren irse y los que quieren quedarse. Para los que quieren que se vayan y los que queremos que se queden. Y esto sólo acaba de empezar. Esperemos que la violencia se quede como un reducto anacrónico en puertas de colegios.


PD: Mi apoyo absoluto a los agentes de a pie de la Policía Nacional, la Guardia Civil y los Mossos d’Esquadra que han sido usados como arma política contra la ciudadanía. Ellos, desgraciadamente, acatan órdenes. El problema no son ellos, son quienes les mandan. 

lunes, 4 de septiembre de 2017

Vuelve la radio, vuelve la vida

Realmente la radio no ha vuelto porque nunca se ha ido. Fe de ello dan los polígonos y las guayaberas de Herrera que está casi más en la radio durante el verano que en la temporada regular.

Escribo estas líneas mientras escucho vía podcast (la radio moderna) el inicio de Toni Garrido en el Hoy por Hoy. A nadie engañamos si decimos que la marcha de Gemma es (en presente) traumática, como tampoco engañamos si decimos que el fichaje de Garrido para el tramo de magazín es un acierto absoluto. Cada uno tiene sus preferencias y yo pienso en él en La Ventana, por ejemplo, pero está donde está. Y, como decían los de la Cope allá por 2010, Garrido está donde le gusta estar.

Se me han puesto los pelos de punta al escuchar de nuevo la voz de Carlos Llamas, a Francino llorando su muerte en el Hoy por Hoy, la despedida de Ángeles Afuera, a Herrera ahora competidor cuando presentaba “Las Coplas”, el “Pepe un purito” y la voz de Lama en Johannesburgo. Si la SER empieza a recordar su pasado como algo bueno estará avanzando. Si sigue escondiendo la fonoteca porque quienes estuvieron en su casa 30 años ahora están en otras, seguirán equivocándose. “Pase lo que pase está la SER”, decía Nierga en uno de los cortes finales. Y esa es una gran verdad. Como la de que si la SER no existiese habría que inventarla. La Cadena SER, es, ha sido y será la radio más escuchada siempre, y no sólo porque el EGM lo monten ellos. Lo es porque tiene un abanico de pluralidad, en ocasiones amenazado, que lleva a la gente a quedarse en ese dial. Uno no pone la radio para ver qué le cuentan, por norma general la gran mayoría busca lo que quiere oír, y dentro de la pluralidad la SER y ahora Alsina y Julia se llevan ese nicho de mercado. Quizás yo lo vea así por cómo pienso, o por lo que me gusta oír.

Pero Garrido no fue el único en volver, o iniciar temporada. Como digo, Cope ya lo había hecho el viernes (mención especial a la apertura detemporada del Grupo Risa con Herrera), y Onda Cero hizo lo propio durante los últimos días de agosto como suele ser habitual. Sí volvía hoy, y se le veía con ganas, Federico a esRadio. Durante su hora favorita, la de la Crónica Rosa, y acompañado por Rosa Belmonte, Beatriz Cortázar y Emilia Landaluce, comentaron cómo no las fotos de la Pantoja en Ibiza, la muerte de Lady Di y otras tantas banalidades que nos llevan a entretenernos y divertirnos fuera del caótico mundo que tenemos. Federico es radio en estado puro, aunque no te guste lo que dice.

Quiero hablar también del cambio en JELO (Julia en la Onda): se añade una hora (la de las 15h) en detrimento de Onda Deportiva, e incluye nuevas secciones como Maldita Hemeroteca, Nuevo Orden Mundial del S XXI o Sociedad Anónima que le dan aún más (siempre en mi opinión) el liderato de la radio vespertina. Le deja cinco minutitos más a Monegal y recupera (si es que alguna vez se fue) a Sardá para El Gabinete. JELO, y Julia siguen afianzándose y ganando terreno a La Ventana. No sería de extrañar que en el último EGM de la temporada, y en parte gracias a la hora de más que suma, si no le supera sí le pise los talones al transatlántico que comanda Francino. Y eso sería un gran problema para la SER, pero no es menester elucubrar aquí ahora cosas que no vienen a cuento.

Señores, esto está en marcha y con lo movidito que se prevén septiembre y octubre la radio, más que nunca, contará lo que pasa. La SER, la COPE, Onda Cero, Radio Nacional, esRadio y otras tantas que me dejo por el camino informarán, entretendrán, divertirán y enfadarán a partes iguales a unos u otros. Como siempre ha sido, porque, aunque no lo parezca, la radio siempre ha estado ahí. Por Onda Media, por la FM, por internet, apps y podcast. Cada uno que elija lo que más le guste pero que nunca abandone la radio, porque la radio nunca le abandonará a él.

Comienza la temporada que acabará allá por julio con el Mundial. Vuelve la radio que nunca se fue, vuelve la vida.

Pegado al transistor, saludos cordiales.


Suso Rama 

domingo, 27 de agosto de 2017

Redes

En días de conmoción Twitter fue el mejor refugio, aunque parezca mentira


Hay debate y no se puede negar. Las llamadas redes sociales han colonizado el planeta y su uso ha hecho tambalearse las normas tal y como las entendíamos.

Ahora con Twitter todo el mundo puede exponer su pensamiento, cualquiera que sea, y crear corrientes de opinión que lo amen, o que lo odien. Mi historia con el pajarito azul se remonta a los albores de mi adolescencia, 2009, cuando entré por primera vez. Entonces era Tuenti, Fotolog y MSN los que dominaban el cotarro con conexiones lentas, videollamadas absurdas y emoticones en las frases con cada palabra que ponías. Si escribías “ola” en modo cani aparecía un perrete saludando con la mano, si ponías “hola” aparecía “OLA” con su reborde de lucecitas. Y así todo. Para quienes pasamos la etapa cani eso y las fuentes horteras, con escrituras AbSuRdasH y colorinchis varios, fue el punto de partida de la madurez. Después de eso no se podía caer más bajo y teníamos que salir a flote. Y con Twitter lo conseguimos. Al menos yo.

Descubrí una forma de informarte más allá de los medios, eran los propios periodistas quienes estaban y decidían qué publicar. Podías preguntar (educadamente) lo que fuese a quien fuese y te contestaba. Y le dabas RT+FAV ilusionado. Sabías qué pasaba en otros países por lo que la gente contaba, y te echabas unas risas con los primeros “Fakes” que salían. Eran de otro rollo. Satirizar desde tu individuo, más o menos lo que hace Joaquín Reyes. Después llegó la masificación, los hashtags en la tele y el abandono de Tuenti y Tuenti Chat por Whatsapp, Instagram, Facebook y, sí, Twitter. Los que estábamos de antes ya no estábamos a gusto. Ahora cualquiera te contestaba un tuit insultándote, o te buscaba las vergüenzas en tus tuits de quinceañero. Porque los hay, y los tiene todo el mundo que lo vivió.

En medio de esta vorágine tuitera que vive España, donde TODO pasa por las redes (incluso lo que es falso, que es buena parte), llegó el 17A. España entera contuvo el aliento mientras observaba las catastróficas imágenes. Como de casi todo, me enteré del atentado por Twitter. Gemma Herrero (periodista top ahora en El Confidencial) me dio el punto de partida: “¿Qué está pasando en Las Ramblas?” dijo. Y desde entonces, una catarata de tuits donde se hablaba de “arrollamiento masivo en Las Ramblas”. Eran aproximadamente las 17:15h y el resto ya lo saben.

El paso del tiempo dio pie a que cada uno sacase sus propias conclusiones del atentado y, cómo no, a que comenzasen a lanzarse garrotazos como en el cuadro de Goya entre nacionalistas (y adláteres) y el resto del mundo. Porque es así. Todo tomaba tintes de acabar malamente hasta que llegó al Qurtubi. Él, el yihadista más famoso de España, el hijo de la Tomasa, cambió las broncas de #BuenoPuesMoltBéPuesAdiós por memes desternillantes. “Sólo me queda Maxibom”, “¿Quiere qui haga la yijad vistido de Transformer, mojer?”, “Murcia para vosotros” o “acabaré con los infieles de Andalucía apagando los aires acondicionados” se convirtieron en lo más visto, pasado, faveado y retuiteado del año y, casi diría, de la historia. Las comparaciones con el torero proliferaron y España combatió el miedo con risa. Todos juntos. Se había conseguido poner paz, y en esas llegó Manuel.

Manuel Bartual, dibujante de entre otras revistas “Orgullo y Satisfacción”, relataba las “cosas raras” que le estaban ocurriendo en sus vacaciones a tiempo real. Desde el principio se veía de qué iba, pero muchos picaron el anzuelo e instigados por el resto comenzaron a interaccionar con el personaje. Manuel vivió su esplendor en la noche del viernes cuando se adentró en la otra habitación 328. Al segundo de ponerlo contaba con 200 RT, y a los 30 ya casi alcanzaba los 2.000. Locura. De nuevo la gente en Twitter revolucionada por una buena causa: leer.

El thriller que se ha montado Manuel romperá esquemas de aquí a no mucho, convirtiendo un simple hilo de Twitter en “La Guerra de los Mundos para Millennials”. Animando a la gente a leer, aunque sea a través de la pantalla del dichoso móvil. Dando pie a cualquiera a empezar a crear cosas con un mínimo de calidad y que sea valorado. A ver cuánto dura sin corromperse.

Porque, lo que parece claro, es que se corromperá. Como todo lo que tocan las redes. Una pena. El buen uso que podíamos hacer de las redes se irá por el sumidero y los jóvenes, no tan jóvenes y maduros seguiremos batiéndonos a garrotazos en Twitter por ver qué es España y qué no. O si te gustan los toros o no. O sí, incluso, eres aficionado de tu equipo o no. Parece que llevamos en nuestro ADN lo de despellejarnos entre nosotros, sea cual sea al colectivo que perteneces.


Desde aquí lo digo, y pensarán que soy hipócrita puesto que soy el primer enganchado a ellas, pero creo que las redes se tornarán en peligro. Y no por los yihadistas, ni mucho menos. Por nosotros mismos, y por los que vienen detrás. Es verdad que yo ahora vivo dependiente de ellas, pero, como cuando era cani, más bajo no puedo caer. De aquí sólo pa’ arriba, y eso comienza por la desintoxicación digital. Llegará pronto, lo aseguro. 

viernes, 18 de agosto de 2017

T'estimo molt, Barcelona

Nos creíamos intocables. Veíamos desde la distancia que dan los kilómetros los atentados en otras ciudades europeas y pensábamos que nunca nos pasaría, ¡cómo nos iba a pasar a nosotros! ¿Cómo íbamos a consentir que 13 años después el terrorismo yihadista nos golpease de nuevo?

Eran poco más de las 5 de la tarde y un tuit de la periodista Gemma Herrero (El Condifencial) preguntaba qué pasaba en Las Ramblas. Ese fue mi punto de partida. Desde entonces una catarata de tuits informando sobre el atropello. Desde ese momento hasta ahora, ya pasada la medianoche, el corazón en un puño. Todos sabíamos qué había pasado, quiénes habían sido; pero faltaba poner nombres y, desgraciadamente, números.

Lo peor que pude hacer fue buscar stories de Instagram con localización en Las Ramblas. Instantáneamente decenas de vídeos desde balcones, interiores de tiendas o la propia calle. Vídeos estos últimos que mostraban sin pudor alguno víctimas en el suelo, inmóviles, mientras sólo sonaban sirenas. En uno de esos videos incluso se veía un niño y ni eso ayudó al malnacido del grabador a empatizar con las víctimas. Le faltó hacerse un selfie al gilipollas.

¿Quién sabe cómo hubiésemos reaccionado cada uno? Corriendo, ayudando… no se puede decir ni saber. Lo que sí puedo decir, y lo hago con ciega convicción, es que no hubiese grabado jamás a nadie. No soy capaz de ponerme siquiera en la situación, pero sé lo que no haría, lo sé perfectamente.

Quiero hacer mención especial al pueblo barcelonés que ha salido en tromba a solidarizarse. Colas para donar sangre, taxistas y ubers con servicios gratuitos para ayudar a escapar, traductores en hospitales, gente acogiendo víctimas. Gracias, queridos hermanos, por dar una lección absoluta de humanismo frente a la barbarie. Y por supuesto el agradecimiento a los Mossos, a los CCFFSE que se han jugado la vida por la paz. Su trabajo es impagable en días como hoy, y como tal la sociedad debe reconocerlo. Son héroes.

Barcelona, hoy más que nunca estamos unidos. Es una lucha conjunta que no entiende de banderas, naciones, idiomas o autonomías. Todos estamos juntos en esta lucha, todos estamos con Barcelona. Barcelona, no estás sola. Te levantarás, te levantaremos.

Barcelona, t'estimo.

Nicolás Aznárez 

lunes, 24 de julio de 2017

Votar por votar

Ni vivo en Catalunya ni soy catalán, por lo que para la mitad de personas que viven en esa comunidad mi opinión no vale, o no es relevante. Claro, yo soy de Madrit. Yo les robo, y como ladrón de catalanes que soy, no puedo opinar sobre su cuestión. Así funciona esto.

Me parece grave, aunque más grave es que, basados en el principio anteriormente expuesto, la opinión de los contrarios a la independencia dentro de Catalunya valga lo mismo que la mía fuera de ella, es decir, nada. Somos fachas, espanyolitos de bien que no vemos el camino de color, luz y fantasía que entre Puigdemont, Junqueras y la CUP (manda huevos) muestran a los catalanes: la ansiada independencia, la panacea vestida con barretina que sacará a Catalunya de todos sus males, y a los Pujol de la cárcel. Porque los Pujol robaban al Estado Español y eso no es tan malo.


Muchos dirán que exagero. Que, de nuevo repito, no tengo ni idea de lo que viven y sufren los catalanes en sus carnes. Porque claro, como no tengo acceso a TV3, Canal Nacional Catalán; ni RAC1, ni puedo leer La Vanguardia, El Periódico o el Ara; no sé qué pasa. Véase esto último como ironía, que nos conocemos, puesto que sí veo TV3 y su manipulación, sí escucho RAC1 y cómo dan las horas en huso horario catalán (preocupante que esto también pase en la SER), y sí leo La Vanguardia, El Periódico y el Ara, y sus artículos en ocasiones falaces e incendiarios con el resto de España. Pero, aun así, mi opinión sigue sin valer.

Como decía, debo ser yo, que no he visto el camino. Sí lo han visto muchos hijos de españoles que acabaron en Catalunya y se han convertido, como muestran los replys al tweet que publicó el español de nacimiento Rufián, donde se contaban casos similares al suyo. Porque a ellos la Andalucía que los vio nacer, y a sus padres, abuelos, tíos, primos, sobrinos… les da igual. Ni que hablar de Madrit, Castilla o Cantabria. Por eso quieren votar. Votar por votar. Botar por botar.

Quieren botarse votando en un “referéndum” ilegal que ni siquiera han tenido valor aún para convocar oficialmente. Quieren votar sin garantías, otra vez, y usar esos votos de manera torticera contra España y una parte de los catalanes. Para luego, cuando se aplique la ley, convertirse en víctimas del sistema opresor que les condena por poner urnas. Esto ya nos lo sabemos, ya lo hicieron y lo volverán a hacer ante la inacción de Rajoy (¡qué sorpresa!) y del resto de partidos que forman el Parlamento Español que, ante el miedo de perder votos en unas próximas autonómicas, siguen haciendo el juego a los golpistas en detrimento de sus propios votantes.


España va a la deriva desde hace tiempo, y a los españoles nos la sopla. Cada día que pasa estoy más convencido que el lema nacional debería ser: “Tenéis lo que os merecéis”. Los catalanes los que más, y poco les pasa. Sigan votando Pujolismo creyendo que así hacéis frente al PP y a Franco. Sigan votando Esquerra creyendo defender valores sociales catalanes. Sigan votando a la CUP, por lo que sea que les votan que todavía no lo he entendido. Sigan, sigan, como dirían en catalán, “fent un pa com unes hòsties” (haciendo un pan como unas tortas). Ellos mismos se lo comerán. 

viernes, 2 de junio de 2017

Sevilla, crónica de un viaje mochilero

Con un sol de justicia, y tras 5 horas y media de Blablacar allí me planté: en plena Plaza de Armas, terminal de llegada y salida de autobuses sevillana, más perdido que Paco Martínez Soria en “La ciudad no es para mí”. Me faltaba la cesta con gallinas, aunque haciendo honor a la verdad no me hacía falta. Con mi maleta de ruedas y el adoquinado hispalense todos los vecinos sabían por dónde me movía. El traqueteo, gracioso los primeros 30 segundos, cansino cuando te has arrastrado hasta Plaza de España con él, no consiguió sacarme de mi embelese.

Lo primero que hice al llegar fue ir a comer. Era la hora, pasadas las 2 y media de la tarde, y me lancé sobre un McDonald’s que fue lo que más a mano me pillaba. El tema “freidurías” (gran palabra) lo dejé para más tarde. Tras ello, directo al kiosko. A uno de los trescientosmil kioskos que Sevilla tiene, algo que me parece maravilloso. En la meseta, más concreto en la capital, a cada paso que das te encuentras un escaparate, o una boca de Metro. En Sevilla no, en Sevilla te encuentras un kiosko con el toldo del ABC. Y el ABC me compré, como no podía ser de otra forma. Me flipó, pero de la prensa hablaré más adelante.

Tras ello me puse a dar vueltas, buscando a ciegas toparme con una iglesia que me suene, una calle conocida o, por qué no, a alguien que conozca. Mi gozo en un pozo. Ni iglesia, ni calle ni famoso. Sólo encontré Cruzcampo cuando pedía una cerveza.

+“¿No tienes otra cosa?”
- “No hijo, aquí es lo que hay: Cruzcampo fresquita”
+ “Ele, pues ponme una Cruzcampo”
-“Las dos primeras saben raras, luego ya te acostumbras” (mentira)

Y me trinqué la Cruzcampo. Después, continué mi camino. Buscaba Plaza España y un amable kioskero me indicó: “Mira, esta esquina no, la siguiente tampoco, a la otra cruzas y llegas a San Fernando. Allí preguntas”. Eso hice. Al final un amable señor que notó que pronunciaba demasiado las “s” me dijo: “Cusha, shiquillo: ahora coge y zigue la vía der’tranvía. A la cuarta o quinta pará tieneh Maria Luiza, y de allí a PlasaSpaña hay un pazo”. Bendito sea él.

Traqueteo mediante allí me planté, a las 4 de la tarde con una caló que tú no veas. Busqué la sombra más próxima, planté la maleta y la mochila que pesaba un quintal, y entre guiris chinos, japoneses, alemanes y vaya-usté-a-saber-qué-más me leí el ABC y un cachito de “Antonia”, la excepcional novela de Nieves Concostrina. Tras una hora larga allí decidí irme a ver la Maestranza, donde había quedado para que me recogiesen.

La Catedral del Toreo, como publicita Pagés en los carteles, me resultó espectacular. Y eso que no entré. Ver la Calle Iris en directo, aunque no lo crean, emociona. Y rodear la plaza siguiendo sus escaparates, algo que me sorprendió sobremanera. Tras el paseo, y el ratito echao frente a la estatua de Curro, me fui en busca de otra Cruzcampo. Y cogí el bar más taurino posible: “La Taquilla”, donde hice amistad con el camarero. Allí, tras hablar de toros, de Emilio Muñoz y de la mili en Vicálvaro del tabernero sevillano, descansé del trajín un rato. Dos Cruzcampos después estaba despidiéndome de mi amigo y yendo en busca del coche que me llevase a Gerena, a casa.

Fue allí, a unos 20km de Sevilla, donde pasé la mayor parte del tiempo, a excepción de ese primer día que, dado que el martes era día feriado en Sevilla por San Fernando, salimos a pulsar la noche andaluza. Pija y posturil serían mis adjetivos primeros, pero no sería justo. También hay buena gente. Me apasionó que usen la Isla de la Cartuja para salir de fiesta, ea, algo tendrán que hacer con ello. Agradezco esa noche de fiesta porque me sirvió para, ya entrada la mañana, ver la Basílica de la Macarena y pasar porbajo su arco. Increíble. Pelos de punta viendo el blanco y amarillo de la fachada, recordando tantas madrugás por Canal Sur viendo salir a la Reina de Sevilla, y entrando bien pasado el mediodía al son de alguna saeta.

Tras la noche, tan cara como si hubiese sido en la capital, llegó la calma. El martes compré la prensa, ABC y el Correo de Andalucía (que aunque ponga de Andalucía es sólo de Sevilla); y gracias a ello aprendí quién era San Fernando, por qué era tan reconocido allí, los posibles significados de NO8DO (quien haya ido lo habrá visto cienmil veces) y que la gente va a ver al rey muerto mientras se santiguan. Porque sí, allí tienen al hombre casi un milenio después decúbito supino (tieso como la mojama) en el ataúd de cristal, con su corona y su parafernalia puesta. Dicen, leí, que de esa momia Murillo pintó sus retratos del rey cuatrocientos años después. Y que le flipó para los restos. No es pa’ menos…

La prensa, de lo que quiero hablar, me encantó. Comprar el ABC en Sevilla no es lo mismo que comprarlo en Madrid. No sólo porque tenga 4 artículos más de opinión, y más interesantes; no sólo por 2 páginas más de Enfoque (donde suelen echar cuenta a los toros a diario), no sólo por el artículo diario de Francisco “Paco” Robles. Es otro periódico distinto y no sabría explicarlo. Se disfruta más, de verdad. Pero sólo el ABC. Por ejemplo, en El Mundo meten dos páginas de “Andalucía” y apañao. Debe ser que lo dan por perdido… O que no están ellos para pensar las ediciones provinciales de los periódicos, bastante tienen con saber quién es el director (gloria al Cuartango defenestrado) y pagar las nóminas a quien corresponde.

Así, con el ABC por medio, con Juan y Medio y Canal Sur, y con calor; eché unos días en Sevilla (capital y provincia). Descubrí la ciudad de los colores, del río (del Guadalquivir y del falso, un canal según me contaron), de las fachadas impolutas, limpias y conservando el aroma a añejo que Madrid ha perdido. Una pena para Madrid, una suerte para Sevilla. Ellos piensan (seguramente con razón) que se les está llenando de guiris la ciudad. Que molestan las despedidas de soltero y las fiestas nocturnas sea el día que sea. Saben que son los que pasan por caja y que gracias a ellos viven, en parte. Pero se esfuerzan por defender lo suyo: su ciudad, su pueblo, decía Antonio Burgos. Y no quieren perder la esencia. Lo aplaudo. Aquí lo hemos dado por perdido, pero les animo a continuar la lucha. Sevilla es tradición, no turisteo barato.


¡Viva Sevilla!