domingo, 23 de octubre de 2011

Hasta siempre Maestro

Y es que, hoy, a las 21:30 aproximadamente cuando leí en twitter que el Maestro se habia ido, que su luz se había apagado, que había perdido esa lucha con sus pulmones que tantos dolores de cabeza la había traído en los últimos años, se me vino el mundo abajo. Quedé en estado de shock pensando en el próximo mayo, cuando vuelva a esas tardes calurosas de San Isidro, y mire a la bandera de la Comunidad de Madrid donde se ponen los comentaristas del Plus y no le vea a él, cuando piense que ya no estará ahí, tendré una sensación de vacío en mi.
Cuando entre nada más abrir las puertas para dirigirme a coger el programa en la puerta de Arrastre, y, como por casualidad, pase por el bar del Tendido Bajo del 1 y no le vea a él con su tarrina de helado, que no puedo darle una vez más la mano y decirle lo grande que ha sido y lo bien que le veía, me daré cuenta de que San Isidro ya no es igual. Porque él lo ha sido todo para mi en esto del toreo. Ha sido mi referente.
En este último año no vino a San Isidro y día sí, día también preguntaba a Molés, a Casas, que qué tal estaba el Maestro, y que le diesen un abrazo fuerte. Tenía esperanzas de volverle a ver una vez más y que me saludase. Ahora sé que eso no podrá ser más, y me cuesta asumirlo un mundo.
Por eso, desde aquí, desde este humilde blog, solo tengo palabras de cariño para usted, porque a opinión personal, con su marcha, hay un antes y un después en la tauromaquia, y en mi vida.
Sólo puedo decirle que GRACIAS, por todo. Por tratarme tan bien cuando me veía, por pararse a hacerse aquella foto conmigo ese día que llevaba prisa. Nunca se me olvidará la cara que puso cuando vio que llevaba en una foto esa interminable media al toro blanco de Osborne para que me la firmase, esa cara de torero. Como le brillaban los ojos aquel día recordando esa faena, y esa sonrisa que ponía cada vez que miraba la foto. GRACIAS Maestro, dentro de mi, en mi corazón, su mechón blanco estará presente cada vez que pise una plaza de toros, cada día que vaya a su plaza de Las Ventas, y entre por ese patio de Arrastre en el que usted jugaba cuando era un crío, siempre le recordaré.
Hasta siempre Chenel...