martes, 8 de diciembre de 2015

El 7-D desde dentro

No empezó bien Sánchez. Tras la marabunta de periodistas que parecían no haber visto nunca el plató, pese a que llevan toda la semana cebándolo en la tele, aparecieron los protagonistas. Pero no todos. Estaba Pablo, estaba Rivera, estaba Soraya, estaban los presentadores pero Sánchez no aparecía. Unos se miraban a otros mientras posaban, y sonreían ante la falta del líder socialista. Por fin apareció y, ahora sí completaron la foto. Tras ella, los últimos consejos de sus acompañantes. Con Iglesias estaba Irene Montero que le entregó una carpeta morada con tarjetas, las chuletas, que Iglesias ordenó cuidadosamente. Me resultó excesivamente curioso el compadreo de Santamaría y su hombre de confianza con Rivera y de Páramo antes de empezar. No miraban papeles, hablaban entre ellos y se reían con una complicidad que causó asombro en el público. Es verdad que Albert estaba nervioso. Les indicaron que se mantuviesen dentro de un círculo, su área de confort. Pero Rivera parece que no veía el círculo, pues constantemente se salía del él, bien con un pie, bien con los dos. No tuvo ese problema Iglesias, que tras probar la silla y ver que parecía que estaba en un bar echando una caña, se plantó serio e inmóvil y no varió su posición en ningún momento. El debate estaba a punto de empezar y la tensión era patente.

A las 22h Pastor y Vallés saludaron a los espectadores, explicaron el formato y comenzó. La primera pregunta fue un puñetazo al bazo para los cuatro, que se defendieron como pudieron. Marcó la primera parte del debate en tanto en cuanto Iglesias y Sáenz de Santamaría habían salido indemnes y les aportó seguridad. Rivera, que no paraba de desabrocharse y abrocharse la chaqueta muestra de su nerviosismo no sabía por dónde salir, se veía acorralado por nadie, quizás por sus propias expectativas.

El primer descanso de 6 minutos les vino en general como agua de mayo. Entró Errejón, con su americana y pantalones vaqueros, a decirle a Pablo que todo iba bien. De Páramo, por su parte, intentaba tranquilizar a Rivera arengándole, y retocándole el pelo. Me dio la sensación que Rivera tenía más interés en salir guapo que en preparase el siguiente bloque. En las 2 pausas fue el único que pidió maquillaje y peluquería, y mientras el resto preparaba los siguientes bloques él estaba allí, echándose polvos y laca mientras se reía con su asesor. Fueron curiosos también sus acercamientos a los presentadores, el único que lo hizo durante las publis, para preguntarles cuales eran los siguientes contenidos.

Parece que la laca le vino bien a Rivera y se tranquilizó. Ya no se salía del círculo, sacaba portadas de El Mundo, mientras que Soraya intentaba capear el temporal como podía. Eran 3 contra 1, e intentó mantenerse en pie. Creo que lo consiguió. Comprobarán que no menciono a Sánchez y es que pareció no estar. Miraba a su cámara posando, a sabiendas de que cuando le mencionasen (siempre para mal), le iban a enchufar. Y cuando ocurría ahí estaba él, con su sonrisa Profident.
Y así, tras el minuto de oro se acabó. “Histórico” fue lo único que acertó a decir Iglesias al acabar, todavía sin despegar los pies de su posición base en la que se mantuvo todo el debate. De Páramo entró como un rayo a abrazar a Rivera, con su recua detrás que, tras el efusivo estrechón, hicieron lo propio. Soraya, dicharachera, felicitó a sus 3 oponentes y a los presentadores. Fue la única que se dirigió al público al acabar para recoger sus sensaciones: “¿Os ha aburrido mucho?” le preguntó a unos jóvenes en primera fila. Educada se despidió y fue de las primeras en abandonar el plató. Sánchez, una vez más, pasó sin pena ni gloria. Perdió otra oportunidad.
Y así acabó el primer debate a cuatro de la historia de la democracia española. 2 horas donde las normas fueron puestas por los periodistas, y donde se notaron las costuras a alguno de los presentes.

Evaluación candidato por candidato y debate:

1ª Posición: Pablo Iglesias. Seguro ante todo. No se achicó ante ninguno de sus contendientes y se expresó de manera tajante. Caló su mensaje en el espectador en busca de los indecisos. Es un animal televisivo. ¿La remontada le llevará a Moncloa?

2ª Posición: Soraya Sáenz de Santamaría. Aguantó el tipo. Con la cartilla bien aprendida y el deber de sustituir al míster principal, se defendió  con holgura. Me sorprendió para bien la vicepresidenta. Otra candidata a Presidenta en la sombra.

3ª Posición: Albert Rivera. Nervioso. Muy nervioso. Más preocupado de ir bien peinado que de argumentar. Su equipo le pone el listón demasiado alto y esa presión puede ser contraproducente.

4ª posición: Pedro Sánchez. Es guapo, y no habla mal, pero no se lo cree nadie. Representa una formación que perdió demasiado crédito en una legislatura donde podían haber hecho oposición real, y prefirieron preparar estas elecciones. El resultado a la vista está.

Moderadores: en su línea. Probablemente la persona indicada de cada cadena para cumplir la función de periodista incisivo, y además saber moderar un debate de esta envergadura. Maravillosos.

El debate: soso. Más encorsetado, quizás porque era más institucional que el del País. Buen formato que se deberá de ir amoldando. Tiempo hay.

La producción: Con las 300 personas que estaban sentadas de público se portaron de pena. La regidora, llamada Valentina, se dedicó a dar voces a todo el mundo, sin ningún tipo de educación. No dieron ni una mísera botella de agua al público durante más de 4 horas. No dejaban siquiera levantarse a la gente en las publis para estirar las piernas en su propio asiento. De ir al baño ni hablamos. Además, cuando debía de dar explicaciones a la gente, puesto que estuvieron en plató hasta 1 hora después de haber finalizado el debate, se marchó. El marrón se lo tuvieron que comer el personal de las agencias.


Ya vienen las elecciones y todo el mundo sale a votar…


Suso Rama Olmedo