sábado, 11 de noviembre de 2017

Hasta siempre, Lucas

Cuando me desperté ya nada era lo mismo. Venían diciéndolo en la tele, en las redes, en la radio, pero todos nos negábamos a pensar que era cierto. Chiquito, nuestro Chiquito, se nos apagaba en una cama de la UCI del hospital de Málaga. No recibió el gran homenaje que merecía, ni la Medalla de Andalucía por la que suspiraba. En la conciencia de quien pudo y no quiso quedará. Porque Chiquito, pese a irse sin homenaje ni medalla, se ha ido sabiéndose adorado. No sólo es Málaga, su Málaga, donde era ilustre. En toda España se venera (y se seguirá haciendo) la figura del fistro pecador nacido después de los dolores. El creador de un idioma único, el contador de chistes con más gracia que los propios chistes.

Pude verte una vez en directo, unas Navidades aquí en Torrejón, y recuerdo cómo estuviste casi dos horas haciendo reír a todo el personal. Querías que te dijésemos chistes que contar, te parabas cuando te iban a hacer una foto y posabas, y te reías y buscabas la complicidad del público, tu público, que iba de 0 a 99 años.

Hoy España es un sitio mucho más triste sin ti, Chiquito. Ya nada volverá a ser como antes. Sin ti el diodeno no tiene sentido, y Rodrigo ya no es Trigo, sólo Rodrigo. La caidita de Roma no volverá a ser caidita. Se nos ha ido nuestro torpedo, camino al cielo vas al ataquer. Jarl 

Hasta siempre, genio, te echaremos de menos. Has sido y serás único. Siempre estarás en nuestros corazones, y en nuestro vocabulario. Desde hoy, más que nunca, y en tu memoria:


¡Hasta siempre, Lucas! Buen viaje, fistro pecador de la pradera. Tu país te llora, torpedo. Te queremos