lunes, 21 de mayo de 2018

El fin del fútbol


Con la marcha de la generación de Iniesta, Torres, Xavi, Puyol, Buffon o Pirlo muere un deporte que instruyó a generaciones en los valores del deporte. Ahora estamos ante una nueva etapa: la del deporte como negocio. Con ella muere el fútbol como modalidad deportiva.

Qué quieren que les diga, el fútbol ha muerto, viva el fútbol. La gran generación de futbolistas que llevó a España a lo más alto y que recuperó el juego combinativo como gran pilar se ha marchado. Los jugones, los del tiki-taka, se han marchado para siempre. Se van a China o USA a contribuir en la nueva etapa que nos toca vivir, la del fútbol como negocio.
Ya no existen aficionados, sólo son meros clientes, aunque ellos aún no lo sepan (algunos lo van intuyendo ya). Se han dejado atrás los valores del deporte para avanzar a los valores del triunfalismo y el marketing, todo lo que lleva al dinero; y así vemos ahora que perder un partido es una hecatombe, un fracaso absoluto (aunque ganes los cincuenta partidos restantes) y que la Historia, con mayúscula, se escribe a noventa minutos. O ganas o fracasas. O eres el mejor de la Historia, o eres una mierda. Esos son los nuevos valores.
Por eso algunos aún nos resistimos a participar en ello. Por eso algunos abandonamos nuestros números de socios, pues no queremos ser simple ganado como pretenden. Esto avanzará, y se autodestruirá como es sino de todo lo que crea el hombre; pero a uno le queda la conciencia más tranquila sabiendo que no participa activamente de ello. Serán sesenta euros, pero son mis sesenta euros. Prefiero tirarlos en fuentes en monedas-de-a-euro que dárselo a esa gentuza para que se paguen sus vacaciones y sus bisoñés de pelo natural.
Nací deportivamente viendo a mi equipo los domingos por la mañana en Telemadrid. Estaban en Segunda y la gran esperanza era ese jovencito al que Luis le daba besos en la frente. Después vino el paseo por el desierto del que sólo me sacó ese niño con un gol en el Prater de Viena. Y con Luis en el banco. Ahí dio a luz la gran generación de españoles que ya había destacado en inferiores. Con Casillas en la puerta, Puyol al mando de la defensa, Xavi e Iniesta en el medio y Torres y Villa delante. Con otros muchos que los acompañaban y los hacían más guapos. Y los vi enfrentarse a Pirlo y Buffon, entre otros. Ahora todos se van. Los que resisten, como Iker, lo hacen porque tuvieron que abandonar su casa. Parecía que ya no los querían. Qué suerte han tenido Torres e Iniesta, la verdad.
Ahora que se han ido el fútbol es menos fútbol. Isco y Asensio no son Xavis e Iniestas, son otra cosa. Más nueva, más joven, pero con menos talento, que Dios (ergo FloPer, para la mayoría) me perdone. La nueva generación es la que encabeza Cristiano (Messi es otra cosa), y le secundan los Neymar, Griezmann, Aubameyang, etc. Los del culto a su persona, y los pósters en marquesinas a tamaño real. Los de las cláusulas millonarias para los padres por negociar. Los de los peinados y calzoncillos que hacen portadas. En definitiva: el fútbol postureo. El fútbol como método para ganar dinero. ¿Deporte? Para eso están los Juegos Olímpicos.
Por suerte nos queda la Segunda División, y una decena (o docena) de equipos en Primera que se resisten a aceptarlo. Como el Villarreal, que pese a ponerle nombre de museo a su estadio (“de la Cerámica”) sigue tirando de abajo para continuar arriba. Como el Betis, que ha conseguido quitarse (otra cosa es cómo) la lacra del Presidente-Gestor-Todopoderoso, y da paso al Consejo de Administración a representantes de socios. Como el Eibar y el Leganés, auténticos ejemplos de fútbol modesto. Sólo nos queda esa esperanza, el resto está muerto.
Por cierto, enhorabuena por otra Champions al Madrí, la trece. No hace falta jugarlas, de unos años para acá las tienen en bandeja. Cosas del fútbol-marketing.